¿Puede el WhatsApp cambiar las campañas electorales?

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Por: Antoni Gutiérrez Rubí

En agosto de 2013, España contaba con 20 millones de usuarios de WhatsApp de los 300 millones que hay en todo el mundo, según anunciaba Jan Koum, el CEO y co-fundador de la compañía. Unos datos muy relevantes si se comparan con el número de población total del país. No es solo eso. En una previsión de la plataforma española MassyPhone, de octubre de 2013, se indicaba que en España, para 2015, es probable que 40 millones de personas usen WhatsApp o alguna alternativa parecida (Telegram o Line, por ejemplo).

Las razones de la generalización de su uso se explican por el aumento de los teléfonos inteligentes entre la población. España se ha convertido en el país europeo con mayor penetración de smartphones con un 66 % mientras que la media europea es del 57 %.

La integración de la tecnología, especialmente en las generaciones más jóvenes, conlleva un rápido cambio de hábitos en las formas de relación y organización social. Estos se caracterizan por su versatilidad gracias a sus características móviles y su facilidad para interactuar con otros usuarios. La pantalla móvil se ha convertido en el primer espacio de socialización y relación a través de compartir contenidos.

Las aplicaciones en smartphones −y WhatsApp en particular− se convierten, pues, en una vía/oportunidad para aproximar a personas con intereses comunes a través de la tecnología y resolver sus necesidades reales a partir de la propia iniciativa individual. Whatsapp nos permite socializar y entablar conversaciones cuando lo deseemos. Además, es una herramienta que miramos constantemente, de forma rutinaria. Incluso un estudio de TomiAhonen Almanac explicaba que los usuarios lo miran de media 150 veces al día.

Los móviles dejan de ser solo teléfonos para convertirse en el instrumento más versátil, global y potente que nunca hemos disfrutado. Cada vez más pequeños, cómodos y completos, estos nuevos dispositivos se adaptan bien a nuestra vida en movimiento. Esta es una de las características más importantes de esta tecnología social: que relaciona personas construyendo comunidades de intereses, pero que también −y a la vez− las empodera, anima y promueve la acción autónoma y creativa de los usuarios. Los teléfonos inteligentes ya son parte de nuestra vida cotidiana. La gente habla directamente entre ella e interactúa mediante WhatsApp, de forma inmediata y a cualquier hora y lugar.

Life Mobile Style es, seguramente, el concepto más transformador del comportamiento social e individual que hemos conocido hasta ahora. Esta vida provoca grandes transformaciones en las pautas de consumo y de uso personal y profesional, que son bien conocidas por el mercado e ignoradas por la política. Lamentablemente, los actores políticos y las instituciones no han comprendido que la política móvil es el escenario de mayor innovación para la recuperación de nuevas prácticas de comunicación, organización y creación de valor.

También el uso de WhatsApp tiene cosas que decir en torno a la acción política y a las campañas electorales. El equipo de campaña que antes lo entienda antes podrá aprovechar las capacidades que una herramienta así permite para la acción política del día a día, y que resumiría en 5 características:

1. Posibilidad de crear grupos orientados a la acción, así como grupos temáticos, territoriales y operacionales entre los activistas. Se trata de comunicación en directo y planteamiento de acciones en tiempo real, que se pueden discutir rápidamente aunque entre estos activistas disten decenas −o miles− de kilómetros. Desde idear una acción en concreto a avisar de una noticia, discutirla y tomar una decisión al momento. Se podrían acabar, también, algunas tediosas reuniones y las respuestas que llegan tarde y mal.

2. Posibilidad de un nuevo lenguaje audiovisual. Texto, imágenes, vídeos, emoticonos… pueden ser compartidos entre los miembros del equipo. No son largos y aburridos informes de acción, sino materiales cortos y muy visuales. La creatividad en el lenguaje es muy superior gracias a la posibilidad de combinar palabras, emoticonos y recursos.

3. Creación de nuevos líderes. Se trata de liderazgos naturales en los grupos, en función de la capacidad de crear opinión y aportar buenas ideas, y en función del tiempo que dedique a la campaña. Afloran líderes y lo hacen por su talento, no por su cargo. También el lenguaje es más cercano entre todos, incluyendo al candidato o candidata, y a los responsables de campaña.

4. Posibilidad de hacer circular con rapidez elementos audiovisuales en tiempo real. El teléfono permite grabar vídeos o tomar imágenes en vivo y compartirlos entre todos los activistas para que sean subidos a la Red. Es un nuevo lenguaje audiovisual, que conecta con el lenguaje al que están acostumbrados las nuevas generaciones: vídeo, audio, imagen e infografía. La rapidez es un factor competitivo en el ecosistema digital y en la creación de la agenda pública.

5. Respuesta rápida. En una campaña electoral, la respuesta rápida a situaciones inesperadas (noticias imprevistas, ataques de oponentes, oportunidades en agenda) es clave. El wapp permite establecer protocolos de actuación, coordinar respuestas y movilizar recursos humanos y técnicos en el tiempo adecuado y de la forma más eficaz.

Los mercados son conversaciones y, ahora, relaciones inteligentes y en la palma de la mano, en tiempo real. Y parte de la política tradicional, todavía, no ha comprendido ni lo uno, ni lo otro. En las próximas campañas electorales (o de primarias) el diseño WhatsApp para la organización, comunicación y creación políticas… será decisivo.

Fuente: Blog de Antoni Gutierrez-Rubí