No hay dinero y faltan votos…

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Por: Daniel Eskibel

Ocurrió en un Campeonato Mundial de Fútbol.

Era un partido decisivo y terminó empatado. Tenían que decidir por penales. Una selección seguiría adelante y la otra quedaría por el camino. Al llegar los penales, era la hora de los arqueros.

Cada selección remata 5 tiros penales. Y lo van haciendo alternadamente. Cada arquero, entonces, tiene 5 oportunidades de derrotar al ejecutante. Y en cada caso solo tiene 3 movimientos básicos: quedarse en el centro del arco, volcarse hacia su derecha o volcarse hacia su izquierda.

Los relatores de fútbol siempre dicen que el arquero, en esta situación, actúa por intuición, por olfato. De algún modo “adivina” hacia dónde irá el remate, y hacia allí se vuelca. El más intuitivo, entonces, atajará más penales que su colega rival.

Pero en el caso que te cuento la historia es diferente. Por lo menos por parte de uno de los protagonistas: el arquero de la Selección de Alemania.

Mientras el ejecutante cumplía el ritual de llegar a la zona, acomodar la pelota y prepararse para el remate, el arquero alemán cumplía otro ritual. Un ritual desconcertante: leía algo escrito en una pequeña hoja de papel que tenía consigo.

¿Qué estaba pasando?

El equipo alemán había planificado la estrategia a seguir en una eventual definición por penales. Había estudiado a los ejecutantes de penales del rival. Había analizado en cada caso los porcentajes de remates al centro, a la derecha y a la izquierda. En base a ésto había resuelto de antemano la conducta del arquero ante cada ejecutante. Y lo había puesto por escrito de un modo simple.

El arquero alemán siguió el plan con disciplina y confianza. Frente al jugador A, arrojarse a la izquierda. Frente al jugador B, a la derecha. Frente al C, en el medio del arco. Y todo así, con precisión y prolija determinación. Sin jugarse al olfato ni al cambio de último momento.

Ahorremos palabras: ganó Alemania. Ganó con una extraordinaria actuación de su arquero, claro.

Ahora sí, vayamos a lo nuestro: en muchas campañas electorales el candidato es como el arquero ante la definición por penales.
En especial cuando no hay dinero y faltan votos. O cuando el dinero es poco y la urgencia de ganar votos es muy grande.
Esto reduce las opciones, las posibilidades, los márgenes de error.
Como el arquero frente a los penales.

La respuesta frente a un cuadro de situación como el que describo es la misma que puso en práctica el arquero alemán: estudio preciso de la psicología del votante y de las características de los candidatos con los cuales se compite, planificación simple y clara en base a tales datos, y ejecución exacta del plan preestablecido.

Se trata de enviar los mensajes precisos a determinados segmentos del electorado, dando a dichos mensajes las características necesarias para esos públicos, ubicándolos en los medios de comunicación imprescindibles y organizándolos en una secuencia temporal correcta.

Ni adivinanzas, ni olfato ni intuición.

Puntería.

Fuente: Blog Maquiavelo y Freud