Discurso político: mejor la montaña rusa que el lago

rollercoaster

Por: Daniel Eskibel

Si estás en política necesitas convencer a otras personas.
Persuadirlas.
Lograr su apoyo, su comprensión, su adhesión, su voto.

Ya seas el candidato, otro dirigente, un activista, o un miembro del equipo de campaña.
Siempre tienes que persuadir a alguien.
Siempre.
Antes, durante y después de una campaña electoral.
En el gobierno o en la oposición.
Siempre.

Cuando hablas con alguien tu lenguaje lo saca de paseo.
Transportas con palabras a la persona que te escucha.
Del lugar a dónde le transportas depende la efectividad de tu comunicación persuasiva.

Para simplificar: el discurso político pasea al oyente o bien por un lago o bien por una montaña rusa.

¿Cómo llevar al oyente por la quieta superficie de un lago?
Con un discurso todo igual, sin altibajos.
El mismo volumen, el mismo tono, el mismo estilo, monocorde, plano, siempre igual a sí mismo, sin sorpresas.
Aburrido.

Miles de estímulos luchan por captar la atención del oyente.
Miles y muy atractivos.
Y la atención va y viene, como un monito saltando de rama en rama.

Si tu comunicación es así, plana como un lago, la atención de tu oyente volará lejos.
Perderás interés, impacto, persuasión.

¿Cómo llevar al oyente por el intenso recorrido de una montaña rusa?
Con un discurso político que lo mueva, que lo sacuda.
Volumen de la voz que sube y baja. Ritmo. Entonaciones que varían en función del vaivén de las emociones. Bruscas aceleraciones, momentos más lentos y también pausas y silencios. Imágenes visuales que irrumpen como un fogonazo anaranjado. Historias que ilustran pero que además mueven los afectos.
Entretenido.

Estás en política y tienes que persuadir.
Bien.
La palabra es una herramienta clave.
Muy bien.
Pues entonces no aburras a tus interlocutores. Que tu discurso político no sea una invitación a un lento y bucólico paseo por la quietud adormecedora de un lago.

Si quieres persuadir, la montaña rusa es lo tuyo.
¿Por qué no lo intentas?

Fuente: Blog Maquiavelo&Freud