Trump y el arte de la distracción

Por: Luis Tejero

El 45º presidente de EEUU desvía la atención a golpe de ‘tweets’.

“Entiendo las redes sociales quizá mejor que nadie. Alguien dijo que soy el Ernest Hemingway de los 140 caracteres”.

Está claro que a Donald Trump se le fue la mano al compararse, allá por noviembre de 2015, con uno de los grandes novelistas del siglo XX. Pero también es cierto que el próximo presidente de EEUU ha demostrado una habilidad fuera de lo común para arengar a su electorado, distraer a los medios de comunicación y marcar la agenda a través de las redes sociales. Con casi 19 millones de seguidores y decenas de miles de interacciones cada vez que escribe, Trump tiene motivos para autoproclamarse rey de Twitter.

Si la elección de Barack Obama en 2008 está reconocida como la primera vez que las redes tuvieron notable influencia en la movilización de los votantes, la entrada en política del magnate neoyorquino representa una forma de hacer campaña (y en breve, de gobernar) a golpe de tweets.

No importa que algunos pidan que ignoremos sus mensajes y dejemos de seguirle el juego, o que la mayoría de los estadounidenses piense que Trump “usa Twitter demasiado”. La experiencia de estos últimos meses, antes y después de su victoria en el Colegio Electoral, ha servido para probar que el futuro inquilino de la Casa Blanca domina el arte de orientar la discusión pública.

Sin intermediarios

Con apenas 140 caracteres, el sucesor de Obama es capaz de establecer los temas de los que después hablarán inevitablemente los periódicos, las televisiones y las radios. En un momento en el que cada vez resulta más difícil captar la atención de la audiencia online entre tanta competencia, Trump suele conseguirlo varias veces al día. Y con ello no sólo invierte el orden de la comunicación tradicional de masas, sino que frecuentemente logra desviar la atención de las cuestiones que no le convienen.

Así ocurrió el último fin de semana de noviembre, cuando The New York Times publicó un reportaje sobre los “potenciales conflictos de interés” que afronta el “presidente empresario” por sus negocios alrededor del mundo.

La reacción de Trump llegó, claro, en forma de tweet. Sólo que, en lugar de defenderse de las acusaciones, pasó al ataque y cambió inmediatamente de asunto, denunciando (sin pruebas) un presunto fraude en las urnas.

No hace falta decir que los medios dejaron de hablar de los negocios de Trump y se pasaron el resto del fin de semana, y los días siguientes, haciéndose eco del bulo lanzado por el mandatario electo. Es la llamada “posverdad”.

Ataques personales

Mientras otros políticos dejan sus perfiles en manos de asesores, él se toma la tarea como algo personal. Con espontaneidad, sin que aparentemente le preocupen las repercusiones de unos tweets que algún día podrían llegar a provocar una crisis diplomática, el 45º presidente de EEUU va camino de convertirse en una especie de provocador en jefe.

Obsesionado con su imagen en un sentido amplio, a menudo utiliza su cuenta para retuitear artículos o comentarios elogiosos.

Pero, sobre todo, Trump recurre a las redes para despistar, alimentar teorías conspiratorias que beneficien sus intereses o atacar sin piedad a sus rivales. Lejos de trabajar para “unificar el país”, como prometió en su discurso de la victoria, este hombre de negocios de 70 años parece empeñado en intimidar y ridiculizar a quienes lo critican o a aquellos que sencillamente no lo votaron.

El ejemplo más reciente llegó este mismo viernes, cuando el llamado “presidente empresario” acudió nuevamente a Twitter para arremeter contra Arnold Schwarzenegger. El motivo aparente: las malas cifras de audiencia de The Apprentice, el programa de televisión que en su día presentó Trump y donde ahora acaba de estrenarse el actor y ex gobernador de California.

Un motivo más verosímil: el protagonista de Terminator, pese a declararse votante republicano, no apoyó al candidato en las primarias de ese partido y tampoco en las presidenciales contra la demócrata Hillary Clinton.

 

A sólo 14 días de su investidura, cabe preguntarse si su hiperactividad tuitera no acabará volviéndose en contra de EEUU. Del mismo modo que hoy Trump dedica tweets despectivos a la revista Vanity Fair, por criticar su restaurante, o a su imitador Alec Baldwin, ¿cuánto tardará en agredir verbalmente a líderes extranjeros desde su móvil en el Despacho Oval?

 

Fuente: Blog de Luis Tejero